viernes, 30 de mayo de 2008

Contra Don Luis de Gongora y su poesía

Francisco de Quevedo
Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisferio
zona divide en término italiano;

este círculo vivo en todo plano;
este que, siendo solamente cero,
le multiplica y parte por entero
todo buen abaquista veneciano;

el minoculo sí, mas ciego vulto;
el resquicio barbado de melenas;
esta cima del vicio y del insulto;

éste, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.

domingo, 11 de mayo de 2008

PARA UNA CRÍTICA DE LA VIOLENCIA.


PARA UNA CRÍTICA DE LA VIOLENCIA

POR WALTER BENJAMIN

La tarea de una crítica de la violencia puede definirse como la exposición de su relación
con el derecho y con la justicia. Porque una causa eficiente se convierte en violencia, en el
sentido exacto de la palabra, sólo cuando incide sobre relaciones morales. La esfera de
tales relaciones es definida por los conceptos de derecho y justicia. Sobre todo en lo que
respecta al primero de estos dos conceptos, es evidente que la relación fundamental y más
elemental de todo ordenamiento jurídico es la de fin y medio; y que la violencia, para
comenzar, sólo puede ser buscada en el reino de los medios y no en el de los fines. Estas
comprobaciones nos dan ya, para la crítica de la violencia, algo más, e incluso diverso, que
lo que acaso nos parece. Puesto que si la violencia es un medio, podría parecer que el
criterio para su crítica esta ya dado, sin más. Esto se plantea en la pregunta acerca de si la
violencia, en cada caso específico, constituye un medio para fines justos o injustos. En un
sistema de fines justos, las bases para su crítica estarían ya dadas implícitamente. Pero las
cosas no son así. Pues lo que este sistema nos daría, si se hallara más allá de toda duda, no
es un criterio de la violencia misma como principio, sino un criterio respecto a los casos de
su aplicación. Permanecería sin respuesta el problema de si la violencia en general, como
principio, es moral, aun cuando sea un medio para fines justos. Pero para decidir respecto
a este problema se necesita un criterio más pertinente, una distinción en la esfera misma
de los medios, sin tener en cuenta los fines a los que éstos sirven.